Bienvenidos a la Republica de la Boca…

El barrio se caracteriza por mantener las costumbres italianas traídas por los inmigrantes a comienzos del siglo XX.

Caminito: sus colores no dejan de atraer a turistas de todo el mundo, símbolo de la humildad, el trabajo, arte, cultura, signos que fueron forjando cada característica de nuestro hoy amado Boca Juniors.

Un poco de historia…
La Boca comenzó llamándose “Riachuelo de los Navíos”, con el tiempo “La Boca del Riachuelo” y luego quedó sellada su historia “LA BOCA”.
Al comienzo era un barrio abandonado, ignorado por los pobladores como sitio habitable, pero no pasó mucho tiempo y el barrio se convirtió en pueblo de Almacenes navales, deposito de lanas, saladeros, etc….

Fue ahí cuando comenzó a poblarse de inmigrantes atraídos por la posibilidad de trabajar, en su mayoría italianos, provenientes de Genova.

Al poco tiempo comenzaron a levantar humildes casillas de cinc y madera que hoy en día le dan esa fisonomía tan particular y que tanto atrae a los turistas de todo el mundo.

 

 

  
 

"El alma de un pueblo es el alma de sus hombres. Si éstos han sido tiernos o crueles o apasionados, el alma de ese pueblo será tirena o cruel o apasionada. Aquella Boca del trabajo y de la nostalgia, donde el dialecto familiar de la Superba se iba tornando para muchos porteños en una acariciadora lengua nativa, se transformó cuando recién nacía este siglo que vivimos, en La Boca del ensueño y la esperanza. Poetas y pintores, escritores y músicos fueron creando desde entonces una tradición que en la vieja barriada parece tan antigua como su existencia misma. las evocadoras melodías de los acordeones marineros, el mágico recuerdo de las orillas del Mediterráneo, los bosques de arboladuras que duermen bajo un signo de estrellas o de nubes en las noches de la ribera, llevaron el mediúmnico milagro de la inspiración a aquellos que soñaban con la belleza, junto a las aguas barrosas donde se hundían los muelles carcomidos del olvidado Puerto de los Tachos.

 

Y así nacieron en el silencio denso de los estudios, frente a los caballetes o al teclado de los armonios, las melodias de Juan de Dios Filiberto, las esculturas de Capurro y de Vergottini, los óleos de Lazzari y de Victorica, de Lacámera y de Quinquela Martín. Si: el alma de un pueblo - o de un barrio - es el alma de sus hombres. Y el alma de La Boca, expresada siempre por la tenacidad ceñuda y el sacrificio sin ostentaciones, tiene ahora su símbolo más claro en el resplandor de gloria encendido por sus artistas"

Julia Prilutzky Farny